
Hay expertos que consideran que ambas cosas no se deberían mezclar nunca. Hoy te contamos las razones que estos afirman a la hora de defender una con el y el por separado.
El queso y el vino suelen ser grandes aliados en la mesa. De hecho, existen numerosos libros sobre cómo maridar ambos productos o sobre cómo servir el vino adecuado según el queso que elijas.
1. El sabor del vino
El vino que elegimos a la hora de hacer una o , depende de la comida que va a acompañarlo. Esto no es una casualidad y se hace para asegurarse de que los sabores casen y no se superpongan unos sobre otros.
Sin embargo, el sabor del vino, por su textura, no acaba de mezclarse bien con el queso. Cuando se trata de quesos dulces, el vino no pega. Y en aquellos más salados y cremosos, acaba por resultar una mezcla demasiado empalagosa para el paladar.
Entonces, ¿qué deberías elegir para acompañar una tabla de quesos? Lo cierto es que las costumbres del norte de Europa apuestan por incluir la cerveza.
Esta idea no parece disgustar a los que no entienden la combinación queso-vino ¿Qué opinas de ella?
2. El sabor del queso
El queso, por lo general, se define casi siempre con un sabor fuerte. En platos más ligeros como las ensaladas que lo contienen, el vino nunca aparece como bebida dispuesta a acompañarle. De hecho, siempre que los vemos como protagonistas en mesas de cocina de diseño, lo hacen con sabores opuestos. Vinos suaves para quesos fuertes y viceversa. Aún así, según algunos expertos, la apuesta no es demasiado segura, y lo mejor es siempre recurrir a otra bebida para un plato como éste.
Particularmente tengo que decir que no estoy de acuerdo, y me encanta la combinación de ambos. Sobre todo en platos como el queso de cabra con salsa de vino dulce. Pero, para gustos, no se han escrito aún combinaciones perfectas.
Fuente: El gran Chef